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domingo, 5 de noviembre de 2017

Patria de Fernando Aramburu

Llevaba mucho, muchísimo tiempo hincarle el diente a Patria, de Fernando Aramburu, pero hasta hace relativamente poco no pude. Hace un año alguien me dijo que alguien se lo había recomendado, que hablaba de ETA y que creía que era un libro que me iba a gustar mucho. Lo apunté en mi lista de pendientes. Al final conseguí la versión epub, porque desde que vivo en Sofía no considero práctico cargar con kilos de libros cada vez que viajo a casa, y lo preparé, pero ante la extensión que le sabía, lo fui postergando hasta hace relativamente poco tiempo, ¿un mes, quizás?

Es verdad que he tardado en leerlo y es que mis hábitos de lectura están un poco oxidados, teniendo en cuenta que cada día paso 8 horas y media leyendo mensajes y teniendo en cuenta que últimamente me había acostumbrado a novelas cortas, de dos horas de extensión, y que casen con mis próximos proyectos.

jueves, 24 de noviembre de 2016

La Gelba, de Adriana Tejada Cuadrado

Adriana Tejada, mi amiga Adri, siempre, desde que la conocí, demostró ser una mujer fuerte y, además, poderosa, y por eso no me es de extrañar hoy que su primera novela, La Gelba, sea como es. Como ocurrió con Óscar Soria y Marina Tirado, yo conocí a Adriana en el Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla y ella es la cuarta de nuestra promoción que publica su primer trabajo con Ediciones Enhuida.

jueves, 14 de enero de 2016

La mujer de Isla Negra

No hay Navidad que abra mis regalos y no me encuentre con un libro, al menos, desde hace tantos años que ni me acuerdo. Sí, es verdad que normalmente los títulos los elijo yo, pero hay veces que me sorprendo. Este año no ha sido el caso, pues el paquete incluía un libro que yo mismo había pedido: La mujer de Isla Negra, de María Fasce.
Nadie me había hablado del libro, ni lo había visto en librerías, ni nada por el estilo. Facebook, esa maravillosa Red Social llena de opiniones y demás, me sorprendió con la portada de un libro misterioso y con un extracto que me conmovió. Aún hoy, después de haberlo leído entero, no logro recordar exactamente qué fragmento me conmovió lo suficiente como para desear esta novela con tanta fuerza.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Como la sombra que se va

Como la sombra que se va es una novela que Antonio Muñoz Molina publicó en 2014 y que sigue a una lista de títulos como El viento de la Luna, El invierno en Lisboa y Todo lo que era sólido, entre otros. Este ejemplar, de la editorial Seix Barral, llegó a mí por pura casualidad, y quizás eso sea un aliciente más que añadir a mi calificación del mismo. 

Por mi cumpleaños, un querido amigo mío, como acostumbra a hacer desde hace bastantes años, se presentó en mi casa con un pesado paquete con forma de libro liado en papel azul de lunares blancos y que escondía en su interior, haciendo evidente que mi imaginación había acertado en sus suposiciones, un libro. Un libro que yo ya tenía, para mala suerte de mi amigo, que quería sorprenderme con su regalo, y yo, que lo sabía cabizbajo por tal motivo, decidí que si se podía cambiar el libro, él mismo me acompañaría a elegir su sustituto en mi estantería. Entramos en la librería y, de entre todos los títulos y todas las portadas que allí había, Antonio Muñoz Molina se presentó ante mí con Como la sombra que se va, y cuando mis dedos entraron en contacto con la tapa del mismo, ya sabía que ese ejemplar se venía a casa conmigo. 

lunes, 20 de julio de 2015

1984

Tropecé con él de casualidad, en una librería. Fue una de esas tardes de aburrimiento abrupto en las que no sabes si cortarte las venas o dejártelas largas. Yo opté por irme a ver libros. Me gustaba aquello: leía títulos, contraportadas, veía los diseños de las diferentes editoriales y me creaba una lista de futuros libros a leer. Y entre todos aquellos libros descubrí este 1984 de Orwell.

lunes, 15 de junio de 2015

El gran Gatsby

Decía Ernest Hemingway en su París era una fiesta de Scott Fitzgerald: Su talento era tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Hubo un tiempo en que él no se entendía a sí mismo como no se entiende la mariposa, y no se daba cuenta cuando su talento estaba magullado o estropeado. Más tarde tomó conciencia de sus alas vulnerada y de cómo estaban hechas, y aprendió a pensar pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no sabía hacer más que recordar los tiempos en que volaba sin esfuerzo. Después de esta descripción, Hemingway nos relata cómo Fitzgerald le presentó su “El gran Gatsby” y lo impresionado que quedó al leerlo.